Xanadú Monet y la jugada indecorosa (Inspector Arsène Putain II #21)
EXCLUSIVO PARA MAYORES DE 18 AÑOS
Las calientes aventuras en Niza del
Inspector Arsène Putain #9
Hotel Le Magnifique de Cannes.
Suite Napoleón. Evento Meet & Greet.
—Por 200 € te hago una paja y, por 100 € más, te puedes correr en una foto mía autografiada con tu nombre —susurra la actriz Brigitte Bardel sin levantar la vista a un dubitativo fan enclenque de brazos como ramas, gafas de pasta, cabello estilo mullet mohicano y una camiseta desteñida de Los Zarandeños, mientras firma una cuartilla publicitaria del largometraje Lady Cockford.
—¿Y por cuánto me la chuparía? —balbucea el muchacho, armándose de valor e inclinándose tembloroso sobre la intérprete. De lo nervioso que está, parece que le hubieran echado un cubo de agua encima. ¿Le habrá oído alguien? Seguro que la atlética muchacha del corte de pelo bob y cara de malas pulgas que está junto a su diosa lo ha oído. ¿Estarán grabando esto? Qué calor le está entrando, ¿tendrá fiebre? Seguro que sí, y además altísima, ¡por lo menos 36,7 °C!
Por supuesto, el bloguero NinjaZoinks ni se plantea hacer el gilipollas y preguntar si se puede follar a la actriz. No tiene el caché en las redes sociales para ello ni el dinero, y además tiene un cuerpo jota* de tres pares de cojones tras llegar a Cannes tras doce autobuses desde el pueblo de Pitobarrika.
—Querido, yo no se la chupo a cualquier mierdecilla —susurra y miente la actriz meliflua, chasqueando la lengua—. Aunque estoy segura de que, a pesar de tu aspecto de geek pajillero, tienes buena herramienta. ¿Cuántos homenajes te has pegado a mi costa, guarrillo? Seguro que más de una vez has soñado con meterme tu pedazo rabo en la boca y cubrirme toda la lengua de caliente y sabrosa leche. ¿Quieres una paja por 400 € después o no?
—¿No eran 300 € hace un momento?
—Esto es la oferta y la demanda, amigo —responde Bardel con una sonrisa y vuelve a sus quehaceres: fingir que está interesada en cualquier cosa que no sea ver pasar las horas, sobrellevar el trago y hacerse con un dinerito extra—. ¡El siguiente, por favor!
Antes de que la sufrida guardaespaldas de la actriz, la agente Xanadú Monet, le indique a NinjaZoinks que se retire (o se vaya a tomar por culo) y pida al siguiente fan número uno que ocupe su lugar en la fila, el muchacho se para en seco, echa mano al bolsillo de su pantalón de combate y le entrega a la actriz sus últimos billetes, más arrugados que la carta de amor de un soldado.
BéBé tiene ya muchas tablas y es raro el mes que no se saque sus 8.000 € extras por subastar entre su fandom bragas usadas como suyas —en realidad se las pone María Sonsoles, su criada peruana de ochenta años—, vender el agua usada de su bañera en minúsculas botellas y por meterle cuatro rudos estirajones a la polla de los inocentes que paguen sus cuotas en los Meet & Greet.
Con susurrarles al oído que jamás había tenido una polla así de hermosa en sus manos y hacerse la asustada, los agradecidos perroflautas de sus fans, con el ego por las nubes, se corren en menos de lo que canta un gallo. Pues eso, dinero fácil.
La siguiente fan es una mujer joven, pasada de los treinta años, con el pelo rapado al cero y mirada penetrante. Clava su mirada en Bardel con una sonrisa de suficiencia y no hace ningún comentario sagaz. Tras llevarse su pertinente autógrafo, se sube el cuello de su chaqueta de cuero y se retira a toda prisa. Ya ha visto todo lo que tenía que ver.
A pesar de su nuevo corte de pelo y de esa camiseta, tan alejada de su habitual estética gótica steampunk, en la que se lee Soy un puto rayo de sol, la agente Monet reconoce al instante a la terrorista Dasha Fedorovich.
—Hay que joderse con el inspector Putain —refunfuña la agente, sin poder evitar sentir cierta admiración—, al final va a tener razón después de todo.
Con un ligero aspaviento, le indica a la actriz que haga un receso, tal como acordaron horas atrás, en cuanto hubiese cuervas en el campanario, y sigue de forma disimulada los pasos de la terrorista pasillo abajo.
*Expresión coloquial para expresar tener mal cuerpo, encontrarse físicamente mal o sentirse indispuesto.
Suite Rasputín.
Cuatro horas antes.
—¿Ese es su maravilloso plan, inspector Putain? ¿Esperar como una novia en la noche de bodas a que nos la metan? —refunfuña Xanadú Monet, antes de darle otra calada rencorosa a su cigarrillo Baiser Noir—. ¿Esperar a que se líe una de puta madre?
—Tranquilidad —responde el intachable inspector Putain, vestido impecablemente como un lord inglés: traje de tres piezas a juego con el azul marino del pantalón, corbata con los colores patrios y zapatos negros. La terrorista Dasha Fedorovich espera que el anuncio de su ultimátum se realice mañana durante la proyección de Lord Cockford, ante una sala abarrotada. Que el director Tarkovsky haya cambiado a última hora la proyección por un pase privado nos beneficia, ya que tenemos otras veinticuatro horas de margen. Aún no sabemos cómo consiguió manipular la única copia, pero ese detalle me preocupa poco ahora.
» Conocí en el pasado a la madre de Fedorovich, la agente triple Osa Negra, y de tal palo, tal astilla. Tengo una idea bastante clara de sus próximos pasos. También sabemos que el infame Cónclave de las Viudas y su misteriosa Madre Corvus han autorizado que la terrorista actúe excepcionalmente en tierras francesas, a pesar del intento de veto de las familias Monzepat y Putova. Repito: tranquilidad, Fedorovich está a punto de cometer un error fatal.
» ¿Señora Bardel? Siga adelante con el Meet & Greet con sus fans en la Suite Napoleón.¿Agente Monet? Acompañe a Bardel y no pierda de vista a sus fans. Fedorovich aparecerá.¿Señor Tarkovsky? No salga de su suite, no conteste al móvil y no comente con nadie esta espantosa extorsión. Yo, por mi parte, continuaré atando en corto a los cuatro críticos que estuvieron presentes en la proyección de ayer, a quienes prometí información exclusiva una vez hayamos gestionado este incidente.
Todos asienten.
Xanadú se queda con las ganas de interrogar a Putain sobre su presencia, meses atrás, en casa de la actriz Bardel. Sin embargo, desecha la idea al comprender que poca utilidad tendrá esa respuesta mientras están metidos hasta el cuello en aquel pollón... ¡follón! Y menos aún cuando tiene delante esa hipnótica presencia de una entrepierna más hinchada y orgullosa que un funcionario con despacho propio.
Seis horas después.
—¿Dónde tú ir con tanta prisa, pedazo de puta de los cojones? —exclama Fedorovich, apresando con una mano las tetas a la agente Monet por la espalda y con la otra pinchándola con un objeto indefinido de punta roma—. ¿Tú pensabas que yo no oler cabrona zorra policía hija de puta a un kilómetro?
—¿En el Jruschovka donde te criaste y te hinchaste a comer pollas dobladas no te enseñaron a hablar bien? —responde altiva Xanadú contrariada por haber sido apresada de la forma más estúpida posible. Tras perder de vista a la terrorista en un pasillo, aceleró el paso y descuidó su retaguardia. Más tonta que el asa de un cubo ¡joder!
—Tú ser muy valiente, hermana, para tener cartas tan de puta mierda —responde divertida Dasha dando otro buen restregón a las endurecidas domingas de Monet y la mete a empujones en un office de planta con ropa de cama, toallas y productos de limpieza y un lastimoso ventanuco con una salida de emergencia—, pero yo reconocer tu tener buenas tetas de zorra pajillera. ¿Y qué yo hacer contigo ahora? Estar claro, ¿verdad?
—¿Dejar que me vaya? ¿Pegarme una hostia? ¿Amordazarme? ¿Follarme?
—¡Nichevó sebé! —exclama Fedorovich, abriendo sus grandes ojos azules y estrellando el móvil de la agente contra la pared—. Eso seguro gustar a ti, ¿verdad perra? —responde excitada Dasha dando por sentado que la única opción que está fuera de opción es dejarla marchar. Está más caliente que un camello con fiebre. Follarse a la Ley. ¿Puede haber algo mejor?
Tira a Xanadú contra una pila de colchones plastificados -plof-, la agarra del cuello y le ata las manos a la espalda con unas bridas de plástico. De un golpe, la sienta de rodillas frente a ella y se levanta del impúdico cinturón ancho que mal acomete las funciones de falda.
La terrorista separa las piernas y muestra a la agente su sexo rasurado y abierto como una flor. Densos y olorosos hilos de excitación humedecen sus carnosos labios. El calor que desprende su sexo haría palidecer de vergüenza a la rejilla de ventilación de un metro estadounidense.
Xanadú entreabre los labios y sopla con la misma delicadeza con la que una madre lo haría sobre la herida de un niño. A continuación, desliza su extendida lengua sobre los hinchados labios mayores de Fedorovich, para terminar mordisqueando y boxeando con su músculo húmedo el clítoris endurecido como el hueso de un albaricoque de la terrorista.
—¿Quiénes forman el Cónclave de las Viudas? —pregunta Xanadú entre agresivos lametazos, como quien no quiere la cosa—. ¿Quién se oculta bajo la máscara de Madre Corvus?
—Unos mudakí creer los nuevos Rothschild con menos poder real que jugador Monopoly con todas propiedades hipotecadas —jadea Dasha restregando el rostro de la agente contra su húmedo sexo como si manejara una minimoto—. No saber quién es puta Madre Corvus. Creo que ella ser zemliáchka ¿por qué cojones querer saber? Tú seguir chupar o llevar una ostia, zorra. ¿Tú querer yo cantar como pajarito todo mi plan?
—Estamos al tanto de tu plan, Dasha —niega Monet con la cabeza y sacude por completo la inflamada pepitilla de la terrorista entre sus labios como lo haría un perro con un hueso lleno de tierra—. A estas alturas, Putain ya habrá detenido a tu hermano Dragan en el bar gay Bimbo del puerto. Sabemos de tu plan de extorsión al director y a otros famosos. Madre Corvus se ha echado atrás y te ha jugado una mala pasada.
—Yo no creer a ti. Mi plan ser perfec... —Dasha no consigue terminar su frase al sentir la colosal intensidad de su inesperado orgasmo. Oleadas de eléctrico placer sacuden su cuerpo como un tsunami y la obligan a cerrar como un cepo las piernas sobre la cabeza de Xanadú—. Tú... tú ser puta mentirosa. ¿Y tú saber qué hacer yo con zorras mentirosas tontas que creer listas?
—Déjame adivinar ¿follártelas?
Fedorovich asiente y se incorpora. Su orgasmo se desliza por sus largas piernas como si se hubiera orinado. Agarra del cuello a Monet y la empuja boca abajo sobre el colchón. Xanadú queda de rodillas, con las muñecas maniatadas a la espalda, a escasos centímetros de los restos de la voluminosa y ligeramente salada eyaculación de Dasha.
—Lame mi corrida, perra mientras yo joder a ti —ordena la terrorista mientras se ata una polla gigante de plástico negro -sacado de su bolso multiusos junto a las mencionadas bridas de antes-, el objeto redondeado desconocido del principio, a la cintura —. Es lo más envidia yo tener de hombres, ellos tener polla y poder follar. Nosotras solo quedar restregar vulvas, meter dedos o palo en coño. Mundo injusto. Puto Patriarcado.
— ¿Pero cuántas cosas tienes aquí guardadas? Una polla de plástico, unas bridas... ¿Vas a seguir dando el coñazo o vas a follarme de una vez por todas? —pregunta la agente con la que siempre fantaseo con ser sometida por una mujer. Por supuesto que se podría haber liberado de las bridas hace rato, pero no hacía falta. Se lo está pasando bomba.
—Tú ser muy puta —afirma la rusa y agarra de las redondeadas cachas del trasero a Monet. Con la habilidad de un tahúr, le baja las los pantalones y le arranca las bragas de Winnie, the Pooh que se deshacen como papel de fumar mojado. Le suelta una salva de iracundas bofetadas con el culo ya más caliente que el de una esclava.
Después con el trasero al rojo vivo de la agente, Dasha introduce casi la totalidad de su lengua en el asterisco de Xanadú y tras haberlo humedecido y relajado -ciertamente, todo un detalle-, introduce lenta pero sin pausa los primeros diez centímetros del dildo Agamenón en el culo de Monet. Los restantes cinco centímetros los clava Fedorovich de una estocada al grito de «¿Te gusta, verdad, puta zorra?».
Monet ronronea como un gatito. Tras una sucesión de embestidas cada vez más violentas -zup, zup, zup- se corre como una adolescente. El sexo anal es, con diferencia, su postura preferida. La desvergonzada combinación entre el dolor y el placer le pone muchísimo.
La terrorista retira el miembro artificial -plop- del ultrajado trasero y besa devotamente la parte baja de la espalda de Xanadú. Tras unos segundos de cortesía le retira las bridas.
—No pasar de lista ahora tú ser libre —amenaza la rusa y se sienta encima de su cara—. Yo aún poder pegar una ostia. Tú repasar almeja de postre y después yo ver cómo hacer contigo.
La agente de la ley toma las nalgas de la criminal con sus manos como si fueran una fruta grande y empuja su lengua hacia la boca de su incandescente vagina. Uno de sus dedos explora y encuentra la entrada de su estrecho ano y empieza a penetrarlo suavemente.
Dasha comienza a gemir y a retorcerse como si la estuvieran ejecutando en una silla eléctrica. Xanadú acelera el ritmo de su lengua y de su índice hasta que su amante lésbica queda inerte tras un largo espasmo. Después, siente con su dedo el ano de Dasha palpitar de placer, una, dos, tres veces. A continuación, se corre con un jadeo ensordecedor y una retahíla de quince insultos rusos, y se desploma satisfecha.
—¿Ahora ya somos amigas? —pregunta Xanadú mientras lame y muerde las grandes aureolas esponjosas y los pezones con piercing de la criminal. Su mano sigue entretenida haciendo círculos sobre la vulva de la rusa.
—Nyet, puta —responde exhausta una sudorosa Fedorovich mientras la acaricia el cabello—. Yo respetar y decidir no matar a ti. Tener problema de agresividad. Tomar pastillas buenas mercado negro.
» Yo atarte, tapar boquita de piñón y encerrarte aquí en office. No descubrir a ti hasta mañana. Y también pedir perdón por ostias y romper móvil. Regalar uno nuevo pronto, da?
Una hora más.
—Su plan ha salido tal como esperábamos, inspector Putain —afirma Xanadú tras abrirle Arsène la puerta del office y desatarse ella misma con suma facilidad las bridas—. Hace apenas treinta minutos, Fedorovich ha abandonado el hotel por una salida de emergencia con un airtag escondido en sus ropas. Se lo ha tragado todo.
—¿Se encuentra bien? A pesar de los golpes y los ruidos de la habitación, nunca me dio la sensación de que estuviera en peligro. Es más, casi podría asegurar que estaba disfrutando.
—Le ruego que se reserve sus sagaces y erróneas interpretaciones. Tenía la situación controlada en todo momento. Sabía que usted me tenía localizada por la última ubicación de mi móvil y que estaba tras la puerta, lo que me dio cierta tranquilidad.
—¿Sabemos dónde se encuentra Dasha, perdón, la vil criminal Fedorovich?
—Está oculta en un pequeño apartamento de una callejuela del Suquet, a menos de diez minutos a pie del Palais des Festivals. La detendremos antes de que termine el día. Tarkovsky ha insistido en estar presente en su detención.
—¿Y Bardel? ¿Está sana y salva?
—Sí, ahora mismo le está firmando un autógrafo a un fan en el lavabo del restaurante.
Passage des Égarés, Suquet.
Tejados.
Dasha Fedorovich está más cabreada que una madre con dos yernos.
¿Cómo cojones han dado con ella? La mosquita muerta de la agente buenorra se la ha jugado, pero bien. ¿O ha sido el zote de su hermano Dragan?
En cuestión de dos días, todo su elaborado plan de venganza se ha ido al traste y ahora tiene que huir a toda prisa, esquivando antenas, chimeneas y ropa tendida, sorteando macetas y pequeñas terrazas privadas por los tejados del Passage des Égarés, con el impertinente del inspector Putain pisándole los talones.
Menuda cara se le quedó al puto inspector cuando le confesó la razón de su intento de extorsión.
—Todo esto hecho para tocar cojones tuyos, papá —le gritó antes de trepar por su balcón a los tejados y consciente que por la puerta con todo el personal iba a ser imposible—. ¿Cómo tú sentir ahora no estar la mando?
—No sé qué te habrá contado su madre, Bogdana, pero yo no soy su padre, señorita Fedorovich —respondió Arsène dando un paso al frente de la comitiva policial y con el curioso director de cine Tarkovsky pegado a él—. Es cierto que tuvimos un affaire en Estambul muchos años atrás, pero le puedo asegurar que...
—¿Eh? Ty tupói, shto li? ¡Yo referir Lionel Tarkovsky! —contestó sorprendida Dasha—. Yo putear a ti solo por tu dejar en ridículo a mí en París meses atrás* y querer demostrar a mamúlechka que yo mejor que ella. ¿De verdad pensar que ser personal? Tú tener polla elefante, cabeza pajarito.
Su huida tiene poco recorrido y la terrorista sabe que tarde o temprano deberá descender a la calle donde Cannes se despliega con sus fachadas ocres, callejuelas retorcidas y terrazas llenas de toldos.
Fedorovich llega al borde de un tejado y se detiene con la respiración acelerada. No podrá alcanzar de un salto el siguiente tejado.
Sonriendo, se gira hacia el inspector, extiende los brazos y, con los dedos índices erguidos, se deja caer de espaldas al callejón.
En su caída, su raída camiseta punk del irreverente estampaguitarras de Sid Vicious se permite la irreverencia de levantarse y mostrarle -de propina- las gordas tetas al intachable adalid de la justicia.
Aterriza sobre el toldo de un pequeño café y, con una agilidad insultante, desaparece después entre el gentío.
El dionísiaco Putain la contempla y decide dejarla marchar. No se había divertido tanto desde que diera caza a la puta Nicole Moloko años atrás.
Niza. Comisaría de policía.
Cinco días después.
Suena el teléfono de la agente Monet cuando está a punto de salir hacia su casa. A pesar de que el caso de extorsión del director está archivado y la seguridad de la actriz Bardel está salvaguardada, Xanadú no ha dejado de pensar en lo acontecido la semana pasada.
—¿Un número desconocido? Nadie sabe de mi número en la comisaria. —se sorprende la agente y decide coger el teléfono.
—Privet, detka, ¿qué hacer? ¿Apetecer café día esta semana? —pregunta una voz familiar áspera y seca como la cuenta de un divorciado por tercera vez—. Yo prometer móvil y yo dar. No Fedorovich criminal no Monet policía. Solo amiga Dasha y amiga Xanadú tomar café.
—Me encantaría —responde Xanadú con una amplia sonrisa y con la respiración a mil por hora.
¡Pronto continuarán las aventuras del inspector Putain en Niza!
¡La estupenda banda sonra del relato!
Robert Folk - El Bimbo.
Françoise Hardy - Comment te dire adieu.
No te pierdas las primeras aventuras del intachable inspector Arsène Tiberius Putain bajo el siguiente enlace o en su libro recopilatorio.







Muy bueno.
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