La erótica del poder
Le pregunto si le ha dolido. Me responde que no, que solo son cosas que pasan una vez al mes a todas las mujeres. En su boca no hay rastro de sonrisa al decirlo, solo muestra concentración mientras lava mi cuerpo de los restos de nuestro encuentro. La dejo hacer, me paro a ver como recorre mi cuerpo con la esponja. ¿Es cómo una madre limpiando a su hijo? ¿Es cómo si estuvieran limpiando el cadáver antes de amortajarlo? Ninguno de estos pensamientos son los que quiero en mi cabeza en este momento. Así que, cojo la mano con la que me limpia y me la llevo a los labios. Ese gesto por mi parte parece contrariarla. Se levanta de la cama y se dirige al sofá del apartamento donde reposa su ropa que dejó con cuidado después de desnudarse para mí. ¿Se desnudó para mí o lo hace para ella? Para saberse todavía deseada. Es una afirmación de su sexualidad pasados los 40. Revuelve entre su ropa y enciende un cigarrillo para consumirlo frente a la cristalera abierta. Ella, desnuda sobre la gran ciudad...