Arsène Putain y la feria hippie (Inspector Arsène Putain II #19)
EXCLUSIVO PARA MAYORES DE 18 AÑOS
Las calientes aventuras en Niza del
Inspector Arsène Putain #7
Hace una semana.
Mensaje de audio de Whatsapp de Ayana Deschamps.
"¡Arséne! ¿Cómo estás? Soy Ayana, tu negra de pelo afro y tetas atómicas favorita. Esas que te gusta tanto estrujar y hundir tu polla entre ellas. ¿Te acuerdas de mi hermana Imani? Seguro que sí. Que tonta soy sí la tuviste que ver el otro día cuando te mandé el video y tampoco se te habrá olvidado que estuvo implicada en ese desagradable asunto del robo de perlas del juez Lambert. Agua pasada. No sé para qué te cuento eso. En fin, al lío.
Desde que mi hermana estuvo cumpliendo condena en un campamento alternativo hippie de esos donde van vestidos de magos de Harry Cipotter todo el puto día, se echan las cartas del tarot unos a otros, se hacen coronas con flores, interpretan los posos del café, se llaman entre ellas hermana Pétalo Lunar o Mariposa de Jade y se hacen tatuajes de ¿cayena?, está en un plan místico total.
La gilipollas de mi hermana está ahora como loca por asistir a una feria hippie cerca donde creo que te han destinado ahora. Estabas por Niza ¿verdad? Es el fin de semana de finales de mes. Lo debes estar pasando muy mal tan lejos de tu amada París. ¡Con todo lo que has hecho por esta ciudad! Por cierto, la pelo estropajo de tu jefe, es una borde, por poco me detiene cuando la volví a preguntar por ti. Pues le arañé todo el coche al salir por lista. Me sobra chocho para eso y mucho más. Ahora que lo pienso no debí haber firmado con mi nombre. Supongo que estaba muy alterada y se me pasó.
Al tonto de los cojones de mi marido le hemos vendido la burra que Imani y servidora necesitábamos hacer un road trip sólo de tías en busca de la paz interior, calmar nuestra ansiedad, abrazar árboles, hacerles un jersey de lana o sacar a mear algún Therian, cosas así. Se lo ha creído todo. Otro gilipollas pichafloja. Está en las antípodas de ser un macho baja bragas como lo eres tú, mi querido Arséne.
¿Por qué no nos acompañas dos días a la puta feria? El plato fuerte es el show nocturno de una tal Morgana Blair. No sé quién es. Otra puta, seguro. Anda, di que sí. Te recompensaré. Nadie chupa y traga como la buena de Ayana, eso lo sabes bien y espero que no se te haya olvidado. Mándame tu dirección y cuando estemos llegando a Niza, te doy un toque y te recogemos.
Oye, otra cosa, me dice Imani, que siempre me ha tenido mucha envidia que, si quieres, te deja que se la metas por el culo. Que por ahí es medio virgen, dice la payasa, como si se pudiera ser eso. También dice que tu polla no puede ser tan gorda como para no poder con ella. ¿Ves cómo es medio gilipollas? Yo creo que en el campamento penal ése se la ha follado hasta el jardinero gay. Cuando volvió a la seis semanas no podía ni andar, decía que se había tropezado tirándose una pelotita de colores y que necesitaba dormir una semana seguida. Que estaba agotada abriendo las chakras a sus compañeros. ¿No serán las piernas, pedazo de puta? ¡A otro perro con ese collar! Bueno, no me enrollo más. No olvides mandarme un par de fotopollas tuyas para el camino y confírmame si puedes ese fin de semana, ¿vale?".
A diez kilómetros de la feria hippie "Lunapalooza".
—¿Cómo vais? —grita una asustada Ayana tras dar un violento volantazo y evitar por los pelos subir su cuenta a tres retrovisores de vehículos destrozados en lo que va de día— ¿Ya te han echado las cartas Arsène? ¿Hellooo? ¿Imani? Puta negra de los cojones, no te lo estarás follando ahí detrás ¿verdad?
—Le estoy leyendo las cartas, puta loca —le miente a Ayana amparada por la puerta cerrada en forma de acordeón que separa la cabina del habitáculo posterior de la autocaravana Fiat Tabbert Classic 570 y con la mano posada sobre la voluminosa entrepierna del inspector.
Imani le recrimina a su hermana que por quién la ha tomado, que ella es de fiar, que es un ser de luz y que se monte menos películas.
—¡Ay, mira, Arsène te acaba de salir una combinación extraordinaria! —le indica la cartomante hippie al inspector colocando las cartas una tras otra y montando un frágil castillo encima del paquete del agente de la Ley—. ¡El Diablo! ¡La Luna! ¡El Putain! Qué raro, no sabía que hubiese una carta con ese nombre en la baraja.
Ayana, más mosqueda que un guardia de seguridad en una obra con la corriente caída, bufa, aparta su mano derecha del volante e intenta sin éxito abrir la puerta plegable. ¿Está cerrada? ¿No le habrá echado el cierre la putísima de su hermanita? ¿Y por qué no deja de ladrar como un descosido su collie BussiBussi?
—Ayana, sigue prestando atención a la carretera que conduces peor que un borracho con tacones —vocifera Imani al percatarse de los intentos inútiles de su hermana para abrir la puerta. Ya se ha encargado ella de atrancar la puerta—. Me estás jodiendo la conexión con San Cipotano... ¡digo Cipriano!
Indiferente a la respuesta que pudiera dar la tetona de su hermana, Imani vuelve a sus quehaceres. Regresa las cartas a la baraja, ahora sí le baja los pantalones hippie de corte acampanados a nuestro adalid justiciero y apresa su pétreo miembro con sus largas uñas. Empieza a masturbarlo muy lentamente.
Una vez con el objetivo de un miembro bien erecto a pocos centímetros de su cara y sin perder contacto visual, se arrodilla frente a Putain y se levanta su holgada camiseta vintage de Michael Jordan con el descolorido número 23 por encima de su frondoso cabello afro dejándola enganchada en la nuca. De paso deja al descubierto sus chocolateadas bombas atómicas de aureolas color café, anchas como platillos de postre.
Acto seguido, baja de un fuerte tirón -wup- los calzoncillos hasta los tobillos -plaf- al inspector. Tiene más que decidida disfrutar del afamado pollón del folla-amigo de su hermana ella solita antes de que lleguen a la feria hippie. Basta que su hermana se lo tenga prohibido para que le apetezca el doble o el triple. Las maravillas del mundo hay que disfrutarlas. Y follárselas.
Imani se quita las empapadas bragas, las engurruña y las tira al fondo del vehículo junto a una pila de (mucha) ropa sucia. BussiBussi pensando que un objeto a recuperar salta como una exhalación, se pega una señora ostia con el cesto y tras volcarlo se entretiene mordiendo las bragas y un sujetador como si estuvieran vivas y él fuera el salvador del mundo canino.
Una vez deshecho de la presencia del cánido, Imani activa su experimentado plan saca-leches con el inspector, Todavía no ha nacido hombre que aguante más de cinco minutos sin eyacular en su boca. Y Putain, desde luego, no va a ser el primero. De eso está segura, tanto como que los cargadores de los móviles tienen patas, la tierra es plana y que el mundo está regido por los reptilianos ubicados en la tierra hueca de Valdepeñas.
Comienza golpeando con la punta de su lengua la rendija del glande, para después pasar succionar al completo la cabeza achampiñonada. Una vez cerciorada de que le sacado hasta el alma por la hendidura del glande, extiende su lengua y lame el nervudo mástil hasta la base de los huevos. Alterna la espléndida mamada para chupar de forma alterna los kiwis al desguaringado inspector.
En lo que concierne al desplazado agente parisino, éste reposa ambos manas sobre el pelo afro de la muchacha con los ojos cerrados como si estuviera la espera de apretar un zumbador en un concurso televisivo.
Con los labios hinchados como un bote neumático y viendo que el inspector tiene bastantes tablas, Imani abandona su plan inicial, se deja caer sobre el asiento y abre las piernas frente a Arsène. Su sexo africano es deliciosamente fosco. Valiéndose de una carta del tarot -La hechicera- separa con delicadeza los rojísimos labios íntimos de su negrismo coño ensortijado y adornado con bolitas de colores. El golpe de calor que le llega al intachable inspector es parejo a abrir un horno tras tenerlo más de media hora a 220 grados.
BussiBussi ya de vuelta tras pasarse por la piedra las bragas enrolladas de Imani, continúa ladrando como un descosido. Está como enrabietado, iracundo y no le faltan razones de peso. A la hermana de su dueña se la van a follar de un momento a otro. Y mira que su ama le había encomendado la tarea de evitarlo a toda costa.
Obviando las recurrentes quejas del perro, Putain clava su endurecido y más que lubricado troncho al completo en la estrecha caja mágica de la muchacha.
¡Para tercer ojo místico; el de su polla! El envite es tan brutal que Ayana tras la separación cae con sus pechos sobre el volante y toca el claxon. Primero asustada de que un coche les haya embestido por detrás, después tranquila al cerciorarse de que no haya sido el caso y finalmente nerviosa por si hubiese hecho algo mal pisa el acelerador con contundencia, cala el motor y se dirige al aparcamiento de la feria a trompicones.
Imani jadea, BussiBusi ladra, Putain martillea y Ayana nerviosa se carga el cuatro retrovisor de un vehículo estacionado buscando aparcamiento en el estrecho camping de tierra de la feria hippie.
Bajo la erótica sensación de peligro inminente y el poder ser descubierta por su hermana, la hija menor de Fofana Deschamps apresa el trasero al parisino, libera sus chakras y se corre como una salvaje en un puerto de mala reputación. Arsène al sentir los espasmos de los labios vaginales contrayéndose de la veinteañera, acompaña el orgasmo de la cartomante con una espléndida y abundante explosión de esperma en su interior.
Tras las primeras dos eyaculaciones retira su miembro -plop- para terminar de bombear generosamente sobre las tetas y después sobre el ensortijado vello púbico de la muchacha. Siempre le ha gustado sentir el roce de fosco vello africano en su bálano hipersensibilizado tras una buena corrida. Un sexo perlado de su semen es una imagen muy del agrado del inspector y que siempre le pone de un excelente humor. Su nardo asiente cabeceando que no puede estar más de acuerdo y se retira a sus aposentos.
Quince minutos después con la autocaravana ya aparcada.
Nada más cerciorarse que Putain está lejos de su vista en busca de las pulseras para acceder al recinto alternativo, Ayana entra como una exhalación a pedirle explicaciones a su hermana en la autocaravana. Tras no encontrarla en el habitáculo, oye como se descarga la cisterna en el aseo. Enfurecida abre la puerta -esta puerta sí está abierta- y se encuentra a su hermana sentada -sin bragas- en el retrete.
—¡Hueles a polla! ¡A recién follada! A mí no me la pegas, pedazo de puta— le recrimina Ayana a su hermana con los brazos en jarras y mirada inquisitoria.
—Qué vergüenza y qué desfachatez que pienses eso de tu queridísima hermanita que tanto ha sufrido en el pasado— responde Imani indiferente terminándose de asear el pidhi* con dos vueltas de rollo higiénico envueltas en la mano.
—Te urgía mucho lavarte el coño ¿verdad? ¿Por qué será? ¿eh?
—Estás loca tía, yo jamás te la jugaría así— miente Imani subiéndose los cortísimos pantalones vaqueros deshilachados y arreglándose el cabello.
» Y aunque fuera cierto, -y no estoy diciendo que lo sea- tu amigo tendrá entonces problema más tarde para que se le ponga tiesa otra vez y ya no hablo de correrse de nuevo ¿no? Ya sabes como son los tíos, echan la lechada y lo luego hay que recogerlos en parihuelas.
—Ay, mi pobre e inocente hermanita —le corrige Ayana besando en la frente a Imani para después susurrarla al oído—. No tienes ni puta idea cómo se las gasta Arsène.
*coño en albanés.
Dos horas más tarde.
Entrar en la feria Lunapalooza es como meterse de golpe en una nube densa con olor a fritanga dulce, especias pesadas y de carne chisporroteando sobre incansables parrillas. Todo huele a una mezcla caótica de aceite usado, cerveza derramada y la fragancia dulzona de la marihuana fumada en cantidades industriales.
Los puestos de comida vegana tambien hacen su agosto vendiendo alternativas biológicas a precios prohibitivos amparándose que las ensaladas, el tofú y el arroz han sido cultivados y recolectados con el mayor de los amores posibles. Nadie menciona que para ser tan ecológicos nadie cuestione que los alimentos sigan siendo transportados en contaminantes camiones.
A petición expresa de Ayana, que está junto a su hermana en un curso de yoga, trenzar pulseritas, cocer vasijas de barro o sabe Dios qué, Putain lleva haciendo fila hace más de media hora en un puesto de lángos, el típico pan frito húngaro que se sirve con ajo, crema agría y queso rallado.
Entre el chalequito con trenzas, la cintita de pelo de cuero y la camisetita el pobre de Arsène está asfixiado de calor.
Entre que el personal, a la hora de pedir, no se decide (a pesar de que sólo hay una opción), la mayoría de ellos están en otro plano dimensional y que Samir, el vendedor, tiene un ritmo caribeño muy pronunciado, Putain está ya hasta los cojones de esperar.
—¿Has venido a follarme? ¡Serás descarado! —le grita una mujer vestida con la parte superior de un esmoquin, una cortísima falda y unas medias de rejilla.
Nadie menos que la simpar ilusionista y tahúr Morgana Blair es la que dueña del griterío y la que se planta delante del inspector.
—¡Deja de acosarme! ¿Te vas a sacar esa polla de burro enfermo otra vez? Así lo arreglas todo ¿verdad? ¡Estás obsesionado!
Un sorprendido Putain no da crédito al chaparrón que le está cayendo máxime cuando ni se había percatado que la maga anduviese por ahí cerca.
En la fila, tras Arsène, Conejo despeluchado (Yun Chu Minoi en su Corea natal y en el resto del mundo terrenal) de larguísimo pelo sedoso trenzado -le llega hasta donde la espalda pide cambio de nombre y DNI- sigue boquiabierta la conversación con sumo interés.
Aprovechando que el agente de la ley da un paso atrás, la menuda y exótica coreana -a la que le está llegando la desalineación energética de la bruja- ve muy necesario pegar sus pechos en la espalda del atónito agente, abrazarle y de paso meterle mano.
Una tarea que se antoja sumamente fácil puesto que los amplios y coloridos pantalones de estampado psicodélico permiten que la herramienta de Putain vaya más que suelta y al pairo.
Tras recorrer con sus uñas el semirrecto falo del atónito inspector, pasa a acariciar los depilados huevos del parisino con su mano atiborrada de un sin número de pulseras mientras le susurra:
—Deja espíritu hacer flow no fight. Mis chakras abiertas, tú no temer, Conejo despeluchado tener tú bien sujeto y dar buen rollo.
—Y tanto —piensa Arsène que ya está más armado que un señor de la Guerra africano.
—¿Ya has averiguado dónde está mi remolque? ¡Pues ni si te ocurra ir al final de la calle 16, tras la carpa principal y a la derecha, puto enfermo! —sigue erre que erre Morgana apuntalando con un dedo índice cada frase en el chaleco de cuero curtido con flecos que se ha colocado el amigo.
La fila avanza, Morgana habla, Putain asiente y Conejo abrillanta las bolas a Putain. El mundo está perfectamente en balance. Al final esto de la feria hippie va a resultar que no es una gilipollez, piensa el buen inspector.
—Para tu información, maldito pervertido, mi último show termina a las doce de la noche, paso a ducharme y después se me olvidará cerrar la puerta trasera del remolque. ¡Me marcho! ¡Estoy muy indignada que no tengas la mínima decencia ni hombría de dejarme en paz ni un segundo! ¡Pervertido! ¡Sátiro!
Morgana se marcha, Putain pide tres lángos a precio de cojón de obispo y Conejo despeluchado sin soltar los huevos al inspector se lo lleva a una mediana tienda de campaña cerca adornado con un símbolo enorme en un círculo de la pisada de un pollo.
Dentro de la tienda pareciese que estuvieran ahumando salmón al desganado sonido de unos crótalos tibetanos y un poco afortunado canturreo. Putain no llega a ver a nadie dentro pero cuando alguien te tiene cogido de los huevos, esa es la menor de tus preocupaciones.
Sin mediar palabra, la coreana tira al suelo al agente, se anuda el vestido floreado en la cintura -no lleva bragas (¿para qué?) y le jode a Putain el botín de guerra posterior-, le acomoda un cojín feo de cojones bajo la nuca y le retira la cinta de cuero de la frente.
—Sentir energía muy fuerte u olor a porro, yo no tener claro —confiesa la muchacha, apresa con ambas manos del pescuezo al inspector y empieza a lamerle la calva. Tras cuatro lamidas mal dadas, se deja caer a plomo encima de la cara de Arsène.
—Chupar potorro —demanda la coreana restregando la pizpireta y poblada almeja teñida con los colores del arco iris sobre la boca del parisino—. Ser bueno para alejar malos espíritus -pfu pfu-. Tú pulirme la ostra hasta que yo escupir perla en tu cara y tú estar mejor después.
La coreana arquea la espalda hundiendo su melocotón en los labios de Putain buscando a ciegas el insultante inmensa polla del inspector. La encuentra -no era nada difícil después de todo-, la envuelve e improvisa un torniquete con la cinta de pelo de cuero.
Como si estuviera manejando el motor de gasolina de un bote de un mercado fluvial tailandés voltea de izquierda a derecha el pollón de Putain marcando el ritmo de lamida del adalid de la justicia.
Y de ese modo, la muchacha no se corrió ni dos, ni tres sino cuatro veces en los hábiles y viperinos labios de Arsène entre ahogados gritos, insultos, flow, canturreos varios, de nuevo insultos y oraciones a San Pito Pato.
Agotada (bastante), ahumada (muchísimo) y satisfecha (nivel planetario) Conejo despeluchado descabalga a su montura. Tiene la pepitilla al rojo vivo. Agradecida por el viaje orgásmico, eleva su compacto culo en forma de pera y le suelta a Arsène la perlita hippie del buen rollo Share the love, and it comes back to you.
De cultura hippie anda nuestro inspector algo escaso, pero de pollazos demoledores sabe nuestro amigo un rato largo.
La primera estocada que le clava en el ojal a la menuda coreana la hizo conectar de golpe con quince planos astrales, su yo interior, su animal exterior, alinearse con todas las enseñanzas del gurú Yogui Majara Majong y ponerse al timón del submarino amarillo.
Por la tarde.
La vida es un pañuelo.
De ello estaba Arsène Putain tanto o más convencido como que su amigo entre las piernas siempre iba presentar armas ante cualquier damisela y que jamás le iba a dejar en la estacada.
¿Qué probabilidades había que ese mismo fin de semana, entre más de 20.000 personas, el agente se pudiese cruzar con su compañera del departamento Xanadú Monet y que está estuviera sumamente fumada? Pues muy pocas, casi inexistentes.
—Eh tío, sí tú, te pareces un huevo a mi compañero de curro —inquiere la agente con dos rendijas como ojos y un porro en la mano—. Pero tú eres muchoooo más guapo, mi compa, es feo de cojones. No te estás enterando, ¿verdad? es que voy con un globo...
El Pelanas, el amigo rasta de Xanadú al lado suyo con los ojos más rojos que las pelotas de un perro de carreras, ríe ostentosamente golpeándose las rodillas, se trastabilla y se pega una señora ostia clavando dientes en el suelo. De un salto se vuelve a levantar, se le cae el gorro de lana y se pone a bailar a la pata coja alrededor de un árbol.
—¿Sabes que le odio? Pero hoy no voy a hablar mal del gilipollas ese. Bro, yo he entendido el universo, pero no me lo he apuntado. ¿Cómo te llamas? No, no me lo digas —acalla Xanadú poniéndole lascivamente el dedo índice en los labios antes de la respuesta—. Te llamaré Mr. Proper, así con dos cojones. Yo soy Arcadia libre. Libre porqué he elegido liberarme de las cadenas de la sociedad. Yo no vivo, yo conecto como el Blutú.
Putain asiente, no sabe qué se ha fumado la agente Monet y su amigo perroflauta pero es bastante potente. Están hasta casi difuminados. Se disculpa y hace ademán de marcharse.
—Ey, vaquero, no te vayas. ¿Quieres que te la chupe? Sin usar las manos, ¿sí? ¡Soy muy buena comiendo pollas! ¡Como un bebé chupando de una teta! Mi amigo aquí no le gustan las tías y no me deja que le haga una mamada estratosférica. Espera, a lo mejor te va la otra orilla ¿quieres mejor que te la mame él? —le guiña un ojo y le hace el inequívoco gesto de la felación acercando un puño a la boca.
—Gracias, agente Monet, pero no. Que pase usted un buen día —responde Putain haciendo el signo universal de la paz en forma de uve.
Xanadú le mira fijamente durante un rato con sonrisa ladeada, después le da un abrazo bien apretado, le muerde una oreja y se marcha corriendo con los brazos extendidos hacía atrás a lo Naruto. Al contrario que su amigo perroflauta que se mete otro guarrazo con un sanitario portátil volcándolo, ella consigue avanzar entre el gentío y desaparece. Ni se da cuenta que el inspector le ha llamado por su apellido.
Muchos meses después, Xanadú, se levantaría una noche y se acordaría del encuentro. Su me cagüen en su puta madre y la palmada que se pegaría en la frente se recordaría en todo el barrio durante años.
Por la noche.
Recostado en una silla de camping encima de la autocaravana viendo los fuegos artificiales a la vez que las dos nubias de la familia Deschamps le lamen el miembro al unísono, Putain está en la gloria.
Mientras Ayana se entretiene lamiendo la parte izquierda de su mástil subiendo hasta su glande, Imani, en sentido contrario, chupa la parte derecha de su rabo bajando a sus testículos.
Por su parte, Arsène, penetra inmisericorde con los dos dedos de su diestra el estrecho ojal de Imani y pellizca con los falanges de su siniestra la gruesa y ardiente pepitilla de Ayana.
¿Y BussiBussi? Follándose las bragas de Imani por tercera vez. No se ve harto el lomito.
Después de todo, venir a la feria ha sido una idea estupenda, piensa Putain, y eso que estuvo a punto de responder con una negativa a la propuesta de Ayana. No le gusta nada que le comprometan su tiempo libre.
Pero, sinceramente, ¿qué hay mejor que te chupen el cimbel dos negras al mismo tiempo? Pocas cosas. Solo impartir justicia y ver a los criminales encerrados se la pone más gorda al amigo.
Levanta la vista al cielo y su explosiva eyaculación se eleva y acompaña en el firmamento los espectaculares fuegos artificiales. Así, sí. Baja la mirada y complacido ve como Ayana se está desprendiendo de las bragas mientras Imani se fuma un porro del tamaño de un bocadillo de calamares.
¿En cuanto a Morgana? Se cansó de esperar en la ducha, arrugada como una papa en remojo y se terminó follando sin misericordia a Samir, el vendedor de lángos que, en ese momento, estaba tirando la basura al final de la calle.
¡(Por supuesto) continuará!










¡Quien pudiera ser el amigo! Muy cachondo el relato.
ResponderEliminar