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USS Cousteau: 1x02 - Medidas desesperadas

 CONTENIDO ADULTO - PARA MAYORES DE 18 AÑOS

Imagen creada por Zulubean / Digital Artist


Año 2267.
Puente de mando de la United Star Ship (NCC-6901-B) Cousteau.

—¿La destrucción de la USS Cousteau y la aniquilación casi total de su tripulación a excepción de algunos miembros escogidos como sus mascotas sexuales si no hacemos entrega de la embajadora oryionana antes de la próxima rotación? 

—Exacto —asiente la guerrera klingoniana Lutessa de la Casa Ko’taak con los brazos cruzados y con cara de muy pocos amigos. Vamos, la cara que tiene siempre. A su diestra, su hermana gemela Kalutta lame lascivamente una espada ceremonial con su modificada lengua bífida—. A pesar de su cerebro de primate, capitán Kock, lo ha entendido todo a la primera sin tener que hacerle un dibujo aclaratorio.

—Estimada capitana Lutessa, ¿qué le hace pensar que la USS Cousteau es incapaz de defenderse de sus amenazas y de a mandarla a usted juntos a su tripulación a tomar por culo de vuelta al inmundo planetoide de donde se ha escapado de su maridito?

» Seguro que, ahora mismo, su maromo estará bastante cabreado que no le esté preparando la cena o calentando el catre. ¡La USS Cousteau no se rinde a nadie! Usted está simplemente mal follada. Para cojones; los míos —responde James T. Kock agarrándose vistosamente la huevera de sus ajustados pantalones y buscando la mirada cómplice de la vulvaniana T’Poya, la jefe de seguridad y responsable del análisis lógico y táctico de las misiones. 

La impasible vulvaniana ladea su cabeza de orejas puntiagudas en un claro gesto desaprobatorio. 

—Tiene usted menos gracia que el colectivo Vorg en un concurso de chistes. No está usted en condiciones de negociar nada. Sus sistemas de defensa están caídos desde el primer ataque del IKS Ruv’Inoq hace una hora estelar—gruñe Kalutta dando un paso al frente de la holocámara del puente enseñando colmillos y tetas prietas enlatadas al igual—. Le quedan seis horas para decidir el destino de su nave, Capitán Kock. ¡Larga vida a la Casa Ko’taak!

Sala de reuniones
Diez minutos más tarde.

Cuando el capitán Kock entra en la sala de reuniones de la USS Cousteau le esperan sentadas en una amplia y pulcra mesa central alargada la primera oficial Wilhemina Stryker, la vulvaniana T´Poya, el experto en lingüística y razas alienígenas Byte (y que le den el culo), el jefe de ingeniería Montgomery "Full Monty" Smutty y la embajadora Zareena. 

Muy a su pesar del capitán, las luminosas pantallas empotradas en las paredes arrojan constantemente información, datos tácticos y lecturas en tiempo real nada halagüeña de la astronave. Es tal el despliegue de luces y colorines que la sala de reuniones se asemeja más a un puticlub barato del planeta placer Orgamus Prime que a un centro de comando.

—¿Cómo cojones se han enterado de que estábamos defensivamente en pelotas, T’Poya? —ladra el capitán plantando ambas manos y parte de su paquete sobre la mesa. ¡Esto raya en la desidia profesional!

—Capitán le recuerdo que descender los sistemas de defensa a los niveles mínimos de seguridad, para ahorrar energía para hacerse un café espresso, fue una orden suya directa de esta mañana —responde la oficial sin pestañear y sin un atisbo emocional. 

—¿Mía? Bueno, lo que sea. Las hermanas Ko’taak sabían el momento exacto del mantenimiento, nos atacaron y nos la metieron hasta el corvejón. Y ¿qué nos demuestra ese hecho? —Kock se incorpora y se pasea por detrás de sus oficiales restregando disimuladamente su miembro endurecido por la nuca de las féminas sentadas—. ¿Nadie? Cuánta incompetencia. ¡Tenemos un puto topo entre nuestra tripulación! Y no me refiero a Otto, el pocero topoide de la nave.

» Byte, quiero un protocolo exhaustivo de todas las llamadas, los mensajes y flujo de datos salientes de la nave más grandes que un emoji de las últimas 24 horas estelares. Las klingonianas no solo sabían de nuestro momento de máxima vulnerabilidad si no también en qué punto debían concentrar sus ataques.

—Capitán, hubo un tránsito inusual enorme de datos entre la cubierta ocho y la diez, unas cuatro horas estelares antes del incidente—interrumpe el androide tecleando velozmente sobre su tablet—. Estoy descargando los nombres de los ficheros ahora mismo. 

» Calientes cadetes de la Academia genital, Oficial y reputa, La primera misión del USS Tetanic, La nave del placer del fin del mundo, Guarras y rabiosas III, Insaciables perras landorianas se comen las pollas de dos en dos, Explosión Anal triple, El ataque de las enanas libidi...

—Suficiente —interrumpe el oficial James T. Kock arrancando malhumorado la tablet a su experto en lingüística, razas alienígenas y otras polladas de las que nunca se acuerda—, en esta nave de cotillos uno no puede tener secretos.

» La joven enfermera Yasutake se encontraba en mis dependencias -en cumplimento de la vigésima directriz- para aliviar mi maltrecha tensión arterial con el procedimiento médico habitual. Les recuerdo que la susodicha directriz dice muy claramente que se debe asegurar la salud física y mental del capitán en todo momento. Se conoce que los últimos latigazos descarriados del súper mega corridón que le metí a la amiga entre las piernas tuvieron que activar -por supuesto sin querer- la plataforma de pago Starflix ¡Byte, descarte la cubierta ocho, mi camarote, y cualquier cosa que tenga que ver con mi persona y a otra cosa, coño!

—Indiferentemente de la libre interpretación de la vigésima directriz, de las doce horas ininterrumpidas de visionado porno posteriores y que seguimos sin saber la identidad del posible espía, tenemos asuntos más urgentes que atender y decidir en las próximas horas, capitán —sentencia hastiada la primera oficial Wilhemina Stryker—. Abogo por encontrar una solución diplomática inteligente que no pase por entregar a la embajadora Zareena a las viles terroristas.

—¡Diremos que la embajadora Zareena jamás estuvo en la USS Cousteau o mejor aún, que la teletransportamos a otra astronave hace más de doce rotaciones! ¡Que solo éramos un nave señuelo!

—Capitán Kock, la diplomática se encontraba en el puente cuando nos contactó el ave rapaz klingoniana, y las hermanas Ko’taak la vieron sentada a su lado. ¿No lo recuerda? —corrige la primera oficial Stryker, incrédula, con un largo suspiro y los ojos en blanco.

—Enviaremos una señal codificada a una nave de la Federación cercana para que venga en nuestro auxilio —exclama el capitán como si hubiese descubierto la pólvora con su magistral idea.

—La nave estelar más cercana, la USS Maxifhoulopolus, está a más de quince rotaciones de nuestra posición actual y cualquier señal de auxilio sería interceptada, sin duda alguna, por la IKS Ruv’Inoq —desestima el sintético Byte—. No nos interesa tensar aún más la situación. 

—Joder, todo son problemas con vosotros. ¡Putos cenizos! ¡Diremos que Zareena se ha muerto! ¡Que la tuvimos que incinerar a toda prisa y expulsar sus restos directos a un sol tras contraer la casquivana de la oryionana una terrible enfermedad infecciosa de origen sexual! 

—¿Disculpe? —responde Zareena contrariada adquiriendo su piel una tonalidad más olivácea de lo habitual— ¿No se le ocurre nada mejor capitán? Esto es un despropósito. Me debo a la Federación, a mi planeta y a mi gente. Me entregaré. Está visto que usted y su tripulación andan más faltos de ideas que un klingoniano calvo en una peluquería terrestre.

—Existe una alternativa a corto plazo que podríamos aprovechar para iniciar negociaciones con Lutessa y Kalutta con ciertas probabilidades de éxito —interviene impasible T’Poya—.  El hecho de que las hermanas presuman y difundan con tanto empeño sus actividades criminales terminará volviéndose en su contra.

—¿Ah sí? Y ¿qué vía sería esa lista de los cojones? —responde el capitán dejándose caer pesadamente sobre su asiento. Le aprieta el uniforme y concretamente la pernera una barbaridad. Se le va a caer el pelo a su sastra deltaniana, bueno, siendo sinceros, su raza está más pelada que un pheringi ludópata y hay poco que rascar. Pensándoselo mejor, se la tendrá que volver a follar como escarmiento. Hay que ser profesionales... siempre. Es lo único que nos separa de los animales.

Holocubierta.
Año 1702. Puerto de Singapur.
Bastión de la Casa Ko’taak.

—Las señoras de la casa les recibirán en breve —les indica el eunuco, más feo que reptiliano a lunares y rayas, a la comitiva compuesta por el capitán Kock y Zareena.

El portero tras morder (y dejarse la mitad de sus piños), los quinientos reales de a ocho, pago indispensable para solicitar audiencia con las temidas piratas, gruñe y les invita a esperar en una sala de intimidantes sombras y asfixiante vapor.

La casa de Baños, cuartel general de las legendarias saqueadoras de los mares de China está situada en el bullicioso puerto de Singapur. Rodeado de húmedos y estrechos callejones iluminados perezosamente por farolillos rojos, los jadeos de placer de las concubinas de sus calles se confunden a diario con los últimos estertores de comerciantes menos agraciados.

—No acabo de entender la lógica de que tenga que sustituir yo en esta simulación a la teniente T’Poya, capitán —reafirma la embajadora con la ropa adherida a su espléndida piel olivácea, delineando el sofocante calor sus pezones erectos y duros como huesos de melocotón. El poblado matojo de su sexo color esmeralda parece respirar bajo su vestido en busca de aire. Huele todo ella a hierba recién cortada.

—Las tres simulaciones anteriores han sido un desastre. Aunque la holocubierta ha logrado recrear con gran precisión la personalidad de las hermanas y su forma de negociar, la presencia de la vulvaniana no me ha traído más que problemas —aclara Kock secándose la perlada frente—. Su carácter áspero y su escasa cintura diplomática han supuesto una desventaja considerable. Tuve que abortar las negociaciones al comprobar que no llegábamos a nada. En cambio, su presencia real aportará ese matiz auténtico imposible de replicar por la holocámara que necesitamos para encontrar la forma más idónea de negociación y salir airoso de este atolladero. ¡Joder qué calor!

—Entiendo… pero ¿por qué recrear las negociaciones con las hermanas en una época tan alejada de la actual? ¿No había otra opción más...?

El capitán corta en seco la reflexión con un escueto no y, visiblemente molesto, insiste en que sabe perfectamente lo que hace. Zareena guarda silencio, fiel a su experiencia diplomática acumulada durante tantos años, y por primera vez repara en los hematomas y moratones que surcan el rostro del capitán y en su evidente cojera.

—Seguro que se ha querido pasar de gracioso con la Casa Ko’taak y le han dado de hostias hasta en la partida de nacimiento —piensa y sonríe la oryionana para sus adentros.

Al poco, el criado regresa con malos modos y les empuja en presencia de Lutessa y Kalutta.

—Capitán James Tiberius Kock, que agradable sorpresa. ¿Viene a entregarnos a la embajadora de la Compañía británica de las Indias Orientales tal cómo se le demandó o tiene alguna otra idea que pudiera ser de nuestro agrado? —resume Lutessa relamiendo un muslo de pollo y escupiendo el hueso sobre la mesa—. Tenemos constancia que su Galeón, el USS Cousteau, fondeado cerca de la costa, está en muy mal estado tras nuestro encontronazo.

Kalutta aprueba el discurso de su hermana con una ostentosa risa gutural.

—Y que detalle más delicado de que nos honre con su presencia esta vez, a diferencia de las anteriores, la afamada y bellísima embajadora Zareena.

—¿Esta vez? —protesta Zareena indignada en voz baja perdiendo la compostura—. ¿Estas putas recuerdan las simulaciones anteriores? ¿No había abortado las escenificaciones previas en cuanto éstas se descarrillaban y había reiniciado las recreaciones desde el principio? ¿Qué probabilidades de éxito vamos a tener si sus maravillosas apariciones pasadas acabaron con usted hostiado y cojo?

Kalutta ajena a las cavilaciones de la embajadora se levanta, de pie se bebe de un trago un litro de vino de sangre, estrella la botella en la testa de un soldado que pasaba por ahí, eructa y vocea —¿Y bien? ¿Vamos a follar o no?

Más tarde.

Con el poblado felpudo de Kalutta hundido en su rostro requirente de lametazos y Zareena cabalgándole como si no hubiese un mañana, el capitán Kock está fundido a polvos.

—Capitán Kock, sigo sin entender, qué valor añadido a las negociaciones nos proporcionará que me folle por tercera vez frente a las hermanas Ko’taak —jadea la sudorosa embajadora con los brazos estirados sobre el pecho del oficial. Los sonoros plops de sus muslos pegajosos por las múltiples corridas del oficial nacido en Iowa acompañan cada estocada.

—Calla joder, Zoreena —replica Kock clavando polla hasta la base de los huevos en el desfondada vulva de la oryionana—. He evitado más conflictos diplomáticos interestelares a pollazo limpio que el capitán Jean-Luc Ricard parloteando y dando el coñazo a bordo de la USS Elderprise.

—Menos hablar y más chupar el potorro a mi hermana —interpela Lutessa abierta de piernas a pocos metros y masturbando sus gruesos labios vaginales con un enorme cetro recubierto de ladinio— o de lo contrario me veré obligada a soltarle sus cuatro ostias correctoras de rigor. 

A diferencia de las veces anteriores, el bueno del capitán tiene a bien avisar esta vez de su inminente eyaculación y ordena a Kalutta que se acerque. Una vez ambas de rodillas frente a él y Zareena apresando sus testículos por detrás, agarra de la nuca a ambas hermanas.

Su rabo engordado tal manga pastelera defectuosa se hincha una última vez y termina liberando -al alarido de ¡Viva la primera directriz!- su carga en los rostros de la más notorias miembros de la Casa Ko’taak.

El espeso e ingente semen del oficial recorre hábilmente -como si se tratase el antiguo de juego del laberinto de la canica- los pliegues óseos de las frentes de las hermanas y se descuelga hasta sus lenguas extendidas.

—Ahí os dejo mis condiciones, putas.

—¿Y qué pasa conmigo? Me he quedado a verlas venir —bufa Kalutta con la cara y las morenas tetas cubiertas de esperma colgante como si la hubiesen estallado una piñata de confeti a corta distancia con un torpedo de fotones—. ¡Puta Federación Galáctica! Siempre igual: ¡te prometen mucho y luego mierda de tarrg!

—Pues te metes un dedo y lista —responde el capitán aseándose el nardo cual vulgar toalla con la sedosa cabellera de Zareena.

La voz en off de T’Poya da por finalizada la simulación y le pregunta al capitán se ya dispone de toda la información para encauzar las negociaciones en el mundo real.

—Ah, sí, sí.  Al final no voy a hacer uso de todo esto y confiaré en mi instinto —responde Kock con la polla aun goteando—. Active de inmediato los parámetros que limitan el uso de las holocubiertas. No podemos permitir que se conviertan en un lupanar para la tripulación.

Todo este paripé es, en realidad, un caprichito que se ha dado Kock a costa de Zareena. Tras comprobar que no sacaba una mierda seca pinchada en un tricorder con la simulación del modus operandi de las klingonianas -eso y que le habían dado de hostias nada más abrir la boca en la recreación- no iba a desaprovechar la ocasión para pasarse por las armas a la estrecha de la embajadora.

Lo mismo es follarse un campo de energía que simula resistencia que a la gilipollas y tetona de la oryionana en carne y hueso. Donde va a ir a parar.


Puente de mando.
Más tarde. 

—USS Cousteau, se ha acabado el tiempo. Háganos entrega de la embajadora Zareena o sufra las consecuencias —demanda Kalutta por la holocámara—. Una vida a cambio por la de otras muchas. Una decisión fácil y asumible según los anticuados estándares de la Federación Galáctica ¿no es cierto?

Un tenso silencio envuelve el puente de mando. Las miradas de la primera oficial Stryker y del resto de la oficialía se centran en Kock que cabizbajo se alisa la casaca.

T’Poya arquea al cejas y ladea la cabeza curiosa. Byte levanta impasible la vista de su tablet. Zareena suspira nerviosa y Kock no tiene ni puta idea de cómo salir de esta. 

No sabe qué hacer. Por una parte, podría entregar a la diplomática y nadie podría reprochárselo y por otra parte podría cagarse en toda la puta sombra de la Casa Ko’taak y negarse. Si hay que plantar cara y que todos mueran, pues que mueran. Es un sacrificio que puede asumir. Total, él lo hará con los huevos bien descargados.

—Capitana Kalutta, como Oficial al mando de la USS Cousteau...

—IKS Ruv’Inoq, aquí la USS Falstaff —rompe el silencio el capitán Kalus con su grave voz varonil bajabragas—. Nuestros sistemas de adquisición de blancos los tienen fijados; cualquier maniobra hostil contra la USS Cousteau será respondida de inmediato. Les aconsejo cesar toda acción beligerante. Asimismo, otra nave estelar, la USS Maxifhoulopolus se encuentra en ruta hacia su posición.

El insulto klingoniano ¡Hab SoSlI’ Quch!* es la única respuesta de la nave antes de activar sus sistemas de camuflaje y desaparecer.

El puente estalla aliviado en júbilo. Zareena no puede contener su alegría y abraza al capitán. Este aprovecha para meterla mano, tocar pelo y llevarse de trofeo para su colección privada un manojo de pelo púbico color pistacho.

—Capitán Kock, me rindo a sus dotes de liderazgo y estrategia. He sido una tocahuevos desconsiderada y sumamente inepta por no haber sabido leer su plan maestro —confiesa la primera oficial Stryker a su superior—. Dígame, ¿cómo sabía que la USS Falstaff vendría en nuestro auxilio?

—Wilhelmina Stryker, aún le queda mucho por aprender -y muchas pollas que chupar- antes de poder ponerse al mando de una Nave Estelar —responde el capitán—. Ya se lo contaré en privado un día de estos. ¡Preparen todo para darle la bienvenida al capitán Kalus, a su primer oficial Rakal Zol y a su oficial de ingeniería Monroe!

*¡Tu madre tiene la frente lisa!

Estancias privadas del capitán Kock.
Mucho más tarde. 

—Mi querido Ludvig Kalus, no tengo ni puta idea por qué estabas en el cuadrante, pero me has salvado el culo. Te ruego, me cubras las espaldas. No sé, di qué puse una baliza de auxilio en los contenedores que liberamos de basura, algo así. Acuérdate de cómo te saque de ese burdel del planeta-resort Risotada antes de que te pillara tu segunda exmujer con esa vetazoide. ¡Me lo debes!

—Ni lo menciones, James, ¿para qué si no están los amigos? Eso está hecho —responde el rubio oficial chocando su diestra con la de Kock. ¿Nos acompañará en breve la embajadora Zareena?

Kock asiente y se sirve otra copa. Está un poco chispa y es que las últimas horas no han estado exento de emociones.

Kalus, satisfecho con la afirmación de su amigo James, posa su diestra de nuevo sobre el culo en pompa de Monroe, su oficial de ingeniería landoriana, y empuja enrabietado su nudoso pene nórdico con todas sus fuerzas a las profundidades del estrecho culo añil de la joven.

Monroe no dice nada al tener la mandíbula desencajada lamiendo la vigorosa polla de Kock. Está más que agradecida a Kalus con poder saltarse años enteros haciendo méritos en la cadena de mando y promocionar a primera oficial por la vía rápida.

Epílogo. Cubierta inferior.

El espía teclea con sigilo sobre un panel de comunicaciones y transmite a su pagador de forma encriptada las razones del fracaso de la misión encomendada.

La inesperada aparición de la USS Falstaff ha supuesto un contratiempo difícil, aunque no imposible de anticipar. Le asegura que no se repetirá. Será más cauteloso a partir de ahora, prestando mayor atención incluso a las naves estelares en misiones encubiertas en el cuadrante. Puede llegar a disponer de esa información y hará uso de ella.

Su pagador le responde al instante que no tolerará más fracasos y que han invertido demasiado tiempo y ladinio en infiltrarle en la USS Cousteau.

El topo cierra el panel y antes de acceder a las cubiertas superiores vuelve a transmutar su estructura corporal en uno de los integrantes más respetados de la tripulación.

El espacio: la última frontera. Estos son los viajes de Nave Estelar Cousteau. Su misión de cinco años: explorar nuevos y extraños mundos, descubrir nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones y penetrar allá donde nadie se ha atrevido a hacerlo jamás antes.

¡La USS Cousteau volverá con nuevas aventuras!


Anteriores episodios:


Episodio 1x01 - El incidente Medea III



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¡El estupendo booktráiler para la ocasión!


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